Democratizando la legibilidad

En su libro, “Why we buy: The science of shopping”, Paco Underhill cuenta:

“Para el 2025 en Estados Unidos un quinto de la población va a tener 65 años o más. En Japón, Italia, Alemania, Francia y China la edad será aún mayor.

[…] Los ojos humanos empiezan a fallar a partir de los 40 años. Hasta los ojos más sanos sufren algún tipo de degradación para cuando llegan a los 60 años. Con la edad tres eventos oculares comienzan a tener lugar:  el cristalino se comienza a endurecer y los músculos que los sostienen se hacen más débiles, con lo que se deja de poder hacer foco en tipografía pequeña; la córnea se torna amarillenta, por lo cual se perciben los colores de manera diferente; menos luz llega a la retina haciendo que todo se perciba mas oscuro”

Luego da varios ejemplos de cómo se ha descuidado desde el diseño gráfico a toda esta población, desde diarios, libros, hasta etiquetas de remedios y prospectos, donde éstos últimos son mayormente consumidos por gente de edad avanzada.

Cuando hablamos de diseño y accesibilidad no solo nos estamos refiriendo a población que tiene problemas de ceguera absoluta o de movilidad, tenemos que acercarnos a toda la población.

Hoy no solo los remedios y medios impresos son necesarios para la vida cotidiana. Las interfaces digitales son parte intrínseca de la comunicación con seres queridos, de la compra de víveres, del transporte, de las finanzas personales, etc.

Hay una razón bien definida de porque hoy este grupo de la población tiene que sobrellevar este escollo tipográfico. Los diseñadores que realizan nuestros diarios, etiquetas de remedios e interfaces digitales tiene veintipico de años y no tienen ninguno de estos problemas de visión. 

En mucho mas de un caso he visto a aplicaciones que, para lograr dar más visibilidad a una serie de funcionalidades, se valen de la reducción de los elementos tipográficos llegando a tener textos en 10pt para ver en un celular. Con ello han logrado exponer muchas funcionalidades en un área reducida, pero ¿cuántos usuarios realmente se benefician efectivamente de esta solución?

Accesibilidad no es sólo una buena práctica de diseño que ayuda a personas con dificultades, es una buena práctica económica también. Este 20% de la población tiene una expectativa de vida cada vez más larga, son financieramente activos y poseen el dinero para gastar en los productos y servicios que desarrollamos. ¿Realmente queremos dejar un 20% del mercado a la competencia?

Si no comenzamos a tener en cuenta a este grupo de personas y utilizar a conciencia los tamaños tipográficos, contrastes y paletas cromáticas, no sólo el producto de nuestro trabajo no va a cumplir con su propósito al no poder resolver los problemas de todos nuestros usuarios, sino que nos vamos a poner contra la pared a nosotros mismos cuando en no mucho tiempo nos encontremos buscando el par de anteojos correcto (de los 4 pares que nos recetaron) para poder pagar los impuestos en nuestras pantallas.